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LO MATÓ UNA DENUNCIA FALSA. NACE LA LEY FACU

Facundo Díaz se suicidó tras una denuncia falsa de abuso. Diputados votó el acompañamiento que a él no le llegó. La ley lleva su nombre. Él no volvió.

LO MATÓ UNA DENUNCIA FALSA. NACE LA LEY FACU

Facundo Díaz se suicidó tras una denuncia falsa de abuso. Diputados votó el acompañamiento que a él no le llegó. La ley lleva su nombre. Él no volvió.

El maestro, el jardín y el rumor

Facundo Díaz tenía 27 años. Era profesor de música en el Jardín de Infantes Nº 44 de Río Gallegos. Tocaba el ukelele. Daba clase. Jugaba al fútbol en la Liga de los Barrios. No era un expediente. Era un pibe de esta ciudad.

El 3 de septiembre de 2019 una madre lo denunció por presunto abuso sexual a un alumno. El 4 de octubre el Consejo Provincial de Educación lo apartó del cargo. Nunca hubo acusación formal. Nunca hubo imputación. Hubo sumario, rumor y abandono.

En los grupos de padres corrió una sentencia previa al juicio: que el profesor había violado a un chico. Lo dijeron con nombre y apellido. Hasta filtraron el número de expediente. Las compañeras del jardín firmaron una nota: creían en Facu. Nadie lo acompañó a su casa el día que lo sacaron del aula. Lo fue a buscar su padre.

La costanera y la prueba que llegó tarde

El 2 de noviembre de 2019 Facundo se metió a la ría. Lo encontraron sin vida en la costanera. ADOSAC paró. Hubo reclamo en el izamiento de la bandera. Una compañera lo dijo sin maquillaje: “Lo mataron los rumores y el abandono”.

Días después, la Cámara Gesell y las pericias —de la defensa y del gabinete— coincidieron: no había indicios de abuso. Lo que sí apareció fue un cuadro vinculado a un trastorno del desarrollo del niño. Facundo ya estaba muerto. La inocencia llegó con el cuerpo en la morgue.

Eso es el núcleo de esta historia: el Estado se apuró para apartarlo y se durmió para contenerlo. El protocolo protegió a la institución. No protegió al docente.

La madre que no se quedó quieta

Graciela Riquelme no pidió un cargo. Pidió que no se repita. Desde 2019 habla “como madre, no como referente”. Fue al Senado. Fue a las radios. Fue a las comisiones. Dijo lo que el recinto prefería no oír: que las falsas denuncias no bajaron, que se extendieron de inicial a adolescentes, que una denuncia hecha a la ligera puede terminar en un muerto.

Armó, con abogados y psicólogos, la Ley Facundo. Creó la Fundación Facundo Díaz para contener a maestros sumariados que el Estado y el gremio dejan solos. En julio de 2025, a un año y medio de presentado el proyecto, todavía reclamaba voluntad política. Entre Ríos y Mar del Plata pedían adherir a una norma que Santa Cruz no terminaba de votar.

Elba Soria, una de las letradas del expediente, organizó en marzo de 2025 el 1° Congreso Nacional sobre Falsas Denuncias en Río Gallegos. Llegaron los abuelos de Lucio Dupuy. El mapa del dolor se agrandó. La banca local seguía en deuda.

Qué dice la ley que acaba de nacer

El proyecto no discute si hay que investigar un abuso. Hay que investigar. Lo que discute es cómo se trata al docente mientras dura esa investigación.

Dos ejes:

•  Que el maestro no sea notificado solo. En el cuaderno de actuación debe constar una persona de su confianza —pareja, amigo, familiar— que lo acompañe a la citación. Puede cambiar ese nombre las veces que quiera.

•  Que, desde la notificación o el apartamiento, se active un protocolo de acompañamiento legal y afectivo, con intervención de una institución que no sea el Estado ni el gremio. La Fundación que lleva el nombre de Facundo está pensada para ese lugar. La contención psicológica es optativa: si el docente no la quiere, no se la imponen.

No es una ley para tapar delitos. Es una ley para que el sumario no se convierta en cadalso mediático. Graciela lo resume en una sola frase de manual constitucional: todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario. En el caso de su hijo, la demostración llegó después del funeral.

Septiembre 2026: el recinto votó

En septiembre de 2026 la Honorable Cámara de Diputados de Santa Cruz sancionó la norma. El edificio de la Legislatura, el mismo de siempre, esta vez no despachó un trámite decorativo. Despachó un nombre propio.

Llegó tarde para Facundo. Llega a tiempo, si se reglamenta y se aplica, para el próximo docente que reciba una citación un viernes a la tarde y se quede sin red el fin de semana.

La pelea de Graciela no termina con el aplauso del recinto. Una ley sin protocolo, sin presupuesto de acompañamiento y sin control sobre cómo el CPE ejecuta los apartamientos es papel. Ella ya vio lo que hace el papel cuando no hay alguien al lado del acusado.

Lo que queda abierto

Queda la reglamentación. Queda saber si el Consejo Provincial de Educación va a anotar de verdad el acompañante en el cuaderno o va a seguir apartando “por protocolo” y después diciéndole al maestro que se las arregle. Queda saber cuántos docentes de Río Gallegos siguen hoy separados del cargo durante años, con la causa penal dormida y el salario y la dignidad en suspenso.

La Ley Facu no le devuelve el ukelele al Jardín 44. No le devuelve el hijo a Graciela. Lo que hace, si el Estado no la vacía, es interrumpir una cadena: denuncia, rumor, soledad, ría.

El recinto votó. La madre peleó siete años. El docente no volvió.

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