
LLEGÓ LA LOCOMOTORA A SANTA CRUZ. CUÁNTO SALIÓ, NO DICEN
Llegó la locomotora a Santa Cruz. Usada, de los ’60, y sin precio publicado. La ponen en 19 km de estepa, entre Jaramillo y Fitz Roy, donde hay más anuncio que gente.
Ya está la locomotora. Cuánto salió, no dicen
Llegó a Santa Cruz una ALCO de los años 60 para el tramo Jaramillo–Fitz Roy. El ramal se presupuestó en 497 millones. El precio de la máquina no se publicó. El impacto cotidiano, por ahora, tampoco.
La Provincia anunció este 19 de septiembre la inminente llegada de una locomotora al proyecto de “reactivación ferroviaria” del norte. El texto oficial habla de anuncios que se hacen realidad. El dato fino es otro: no llega un tren de pasajeros ni un servicio de cargas. Llega una máquina para un tramo de 19 kilómetros entre Jaramillo y Fitz Roy, dos parajes de la estepa, con baja densidad de población y a distancia de cualquier centro real de salud, educación o comercio.
El Gobierno identifica la unidad como una locomotora diésel-eléctrica ALCO RSD-35, serie DL-535. Ese modelo se fabricó entre 1961 y 1963. Circuló décadas en el Belgrano y el San Martín. Es, por ficha técnica, material histórico: una línea usada del parque argentino, no un coche nuevo de fábrica. Lo que la gacetilla no informa es el número de esta unidad, si fue reconstruida, de qué depósito sale ni —central— cuánto costó.
Lo que hay, y lo que no está publicado
En marzo, el gobernador Claudio Vidal anunció un paquete cercano a 700 millones de pesos para Jaramillo y Fitz Roy. De ese total, 497 millones se destinaron a la primera etapa del ramal: relevamiento de la traza, acondicionamiento de vías y recuperación del vagón comedor P-111. Otros 200 millones fueron a obras locales: cementerio, adoquinado, camioneta. En ese mismo acto se prometió una “locomotora nueva”. Lo que ahora describen no coincide con esa palabra.
La nota de Prensa Santa Cruz detalla metros, toneladas y litros de gasoil. No pone un peso sobre la ALCO. Hasta que Economía o Transporte no exhiban compra, cesión o reparación, el costo de la máquina es un agujero informativo. Mezclar los 497 millones con el precio del tren, como si ya estuviera incluido, sería un error. El comunicado de marzo lista vías y vagón; la locomotora aparece aparte, sin cifra.
Tampoco hay fecha de primer viaje con pasajeros, operador, tarifa, frecuencia ni habilitación detallada. Hay bivial, relevamientos con Trenes Argentinos y trabajo de cuadrillas de YCRT sobre las vías. Hay un horizonte político: turismo, patrimonio y, “a futuro”, cargas. Hay un mapa real: el corredor histórico Puerto Deseado–Las Heras suma cerca de 285 kilómetros. Lo habilitado, por ahora, es el tramo corto.
Diecinueve kilómetros en el medio de la meseta
Jaramillo y Fitz Roy no son El Calafate ni El Chaltén. Tienen historia ferroviaria, museo, cercanía con los Bosques Petrificados y el peso simbólico de un ramal cerrado en 1978, ligado también a la memoria de la Patagonia Rebelde. Recuperar vías abandonadas casi medio siglo no es un delito. Presentarlo como la reactivación ferroviaria de Santa Cruz, sí merece escala.
Un circuito turístico de 19 km puede sumar una visita al viajero que ya viene por ruta. No crea temporada, no baja el flete de la producción ni reconecta Puerto Deseado con Las Heras. Sin playas de carga, sin volumen y sin operador, el argumento logístico queda en el discurso. El silbato puede volver. El corredor, todavía no.
El contexto que la gacetilla no pone
Santa Cruz no discute este tren en el vacío. Lo discute con las cuentas ajustadas y el mes corto.
La coparticipación cayó en términos reales. La recaudación propia —sobre todo Ingresos Brutos— se contrajo con fuerza desde el cambio de escenario nacional. El Ejecutivo reconoció la necesidad de decenas de miles de millones por mes solo para activos y pasivos, y más si se suman municipios, comisiones de fomento y cajas. Hubo adelantos de Nación para sostener salarios. El presupuesto convive con déficit y con la discusión de más deuda. En ese cuadro, cada peso que se va a un proyecto de vitrina se mira con otra lupa.
En educación, 2026 fue año de paritarias trabadas, medidas de ADOSAC, reclamo de no caer bajo la línea de pobreza y listados de escuelas deterioradas —también en el interior y en Río Turbio—. Un acuerdo salarial a mitad de año no borra la pregunta del docente: si el aumento cubre combustible, alquiler y la canasta patagónica.
En salud, el habitante del norte y del sudoeste no espera un vagón comedor. Espera turno, guardia, medicamentos de la Caja y una derivación que no se vuelva odisea a Río Gallegos o a Buenos Aires. El propio gobernador habló del déficit de la Caja de Servicios Sociales. En pueblos chicos, la frase no es “falta el tren”. Es “si se complica de noche, estamos solos”.
En municipios y seguridad, el semestre mostró comunas que no cubren la planilla con recursos propios y conflictos salariales que llegaron a la calle. Ese es el Estado que la gente toca el día 5 y el día 20. No el de la foto en la estepa.
Qué siente el santacruceño con esta noticia
La reacción social no es, en masa, “abajo el ferrocarril”. Es más seca: “plata hay, el tema es para qué”.
El que es de pueblo ferroviario extraña el ramal. El que es de Río Turbio entiende qué significa una vía. El rechazo no es al fierro. Es al desfasaje. Mientras anuncian locomotora en el desierto, el padre calcula si llega a la quincena, la madre espera un estudio, el docente mira el techo del aula y el municipal pregunta si cierra la planilla.
El turismo es industria seria donde hay demanda, camas y conectividad. Forzar un “corredor ferroviario turístico” entre dos puntos de baja densidad, sin red hotelera ni temporada larga, puede funcionar como atractivo puntual. No como solución productiva del norte ni como respuesta a la crisis del hogar.
Hay, además, una herida de credibilidad: se habló de locomotora nueva y llega un modelo de los ’60. Se habla de reactivación y lo que hay es un tramo piloto. Se habla de desarrollo y no se publica el precio de la máquina. En una provincia cansada de anuncios, el silencio presupuestario pesa más que el silbato.
Impacto, ciudadano por ciudadano
• El trabajador que no llega a fin de mes. El tren no le mueve el recibo. Le mueve la bronca: ve inversión visible en un ramal vacío y no ve alivio en el almacén.
• La familia del interior. Sigue dependiendo de la ruta, de la ambulancia y del clima. Diecinueve kilómetros de riel no le acercan el especialista.
• El docente y el alumno. La infraestructura escolar y el salario siguen siendo el conflicto real del calendario. El P-111 no reemplaza un techo.
• El productor y el comerciante chico. Sin carga regular ni baja de flete, el argumento logístico no le entra al talonario.
• El vecino de Jaramillo o Fitz Roy. Puede ganar un circuito, algún puesto y movimiento puntual. Es el único segmento con beneficio directo posible. Aun así, vive en el mismo sistema de salud y precios que el resto.
• El contribuyente de toda la provincia. Paga el relato. Tiene derecho a saber cuánto salió la ALCO, quién la opera y cuándo circula de verdad.
Lo que falta preguntar —y publicar
1. Precio, origen y estado de esta locomotora.
2. Si los 497 millones incluyen o no la máquina.
3. Fecha cierta de un servicio, aunque sea turístico.
4. Rol y costo del trabajo de YCRT en vías ajenas a la usina.
5. Plan plurianual del corredor hasta Puerto Deseado y Las Heras: kilómetros, plata y cargo.
Santa Cruz puede recuperar su ferrocarril. Eso exigiría traza larga, cargas, mantenimiento y números a la vista. Lo de ahora es otra pieza: una locomotora histórica rumbo a 19 km de desierto, con el costo de la máquina en reserva y la crisis cotidiana sin tocar.
El tren puede ser patrimonio. No puede ser la respuesta a quien pregunta, con el ticket en la mano, para qué sirve si el mes no le cierra.
Fuente del anuncio: Prensa Santa Cruz, 19 de septiembre de 2026. Montos del ramal: anuncios oficiales de marzo de 2026. Modelo ALCO RSD-35: ficha de fabricación 1961-1963.