
94 AÑOS DE ATE: LA HISTORIA QUE DUELE EN SANTA CRUZ
Ayer se cumplieron 94 años. Alejandro Garzón salió en vivo no a cortar una torta: a decir que el sindicato sigue en pie y que la conducción actual lo está vaciando.
El origen: telepostales, no folclore
Un 23 de septiembre de 1932 se funda ATE Río Gallegos. El primer secretario general fue Pantaleón Pedraza, trabajador telepostal. No es un dato de almanaque. En esos años los telepostales se iban de su sindicato de base y se organizaban en la Asociación Trabajadores del Estado. El Consejo Directivo Central mandó compañeros con licencia gremial a recorrer provincias. Esa corriente llegó al sur.
Garzón lo recuerda con método: primero la seccional; después, en 1982, con la recuperación democrática y el estatuto impulsado en la etapa de Víctor De Gennaro, las capitales pasan a Consejo Directivo Provincial y las localidades con más de 250 afiliados quedan como seccionales. La herramienta cambia de forma. El oficio no.
La organización se desdibuja y reaparece con fuerza en YCF: Río Turbio y Punta Loyola. Ahí ATE se hace minero. Nombra a Osorio —chileno, pionero de la seccional Río Turbio— y a Guanuco, salteño, que vino a Santa Cruz cuando presentaron el libro y murió hace poco. Ellos pensaron el sindicato y los recursos para el Monumento al Minero. El 4 de diciembre, en Río Turbio, no es un acto decorativo. Es continuidad.
ATE no nació en un escritorio de capital. Nació en el correo, en el carbón y en el puerto.
El libro: la prueba que pide que no quemen
Cuando fue secretario general, Garzón trabajó con Daniel Parcero —revisionista e historiador— el tomo I de la historia del sindicato en la provincia: “Historia de ATE Santa Cruz. De los telepostales a los hijos del socavón”.
En el vivo lo muestra. No lo usa de adorno. Lo usa de archivo.
Ahí está, dice, que ATE fue parte de la fundación de 28 de Noviembre. Que integró las 62 Organizaciones. Que, con Jorge Cepernic gobernador y una nevada brutal, bancó al gobierno provincial cuando el poder nacional —el circule de José López Rega, “el Brujo”, la Triple A— reclamaba un helicóptero que Cepernic no devolvía. Quién movilizó para que no se lo llevaran: ATE.
También está el dato que la historia oficial suele saltear: estatales y ateístas como protagonistas, no como comparsa. Garzón cita a Miguel Auzoberría como de los pocos que, al contar el movimiento obrero santacruceño, no borra al sindicato.
Y suelta la frase que no es metáfora menor:
“Si la conducción actual no quemó los libros, exíjanlos. Ahí figuramos nosotros.”
Promocionar ese tomo no es marketing editorial. Es pelear la memoria. Un sindicato sin libro propio queda a merced del relato del que manda. Pedirlo en seccional y en el CDP es un acto político. Si no está, la pregunta se responde sola.
Lo que ATE fue cuando tenía proyecto
Garzón no habla de un gremio testimonial. Habla de un gremio que discutía el Estado.
Hasta 2003, dice, ATE casi no existía entre provinciales, municipales y empresas del Estado provincial. De 2003 en adelante crece: delegados, asambleas, cortes de ruta, convenios. El primero, en Fomicruz, cuando el sindicato tenía casi el 100% de afiliación y una mirada sobre Las Lajas, Gregores y Pico Truncado.
La conquista que pone en el centro no es un plus. Es la jornada:
Santa Cruz tiene convenio de seis horas. El movimiento obrero internacional se desangró por las ocho. Sacco y Vanzetti, las fábricas incendiadas, las compañeras muertas: el contraste es grosero y deliberado. Si el convenio garantiza seis, que en 2026 la salud haga 12, 14, 16 o 18 horas extra para llegar a fin de mes no es “esfuerzo”. Es derrota.
Deja números de gestión propia, que habrán de contrastarse con padrón, pero que fijan el listón: 13 a 15 mil afiliados, diez seccionales, tres centros de jubilados, convenios, delegados en la mayoría de los sectores. Locales en comisiones de fomento. Territorio. El cajero automático en Tres Lagos, cuando no había billetera virtual y el compañero tenía que ir a El Calafate a cobrar: ATE movilizó; el gobierno de Alicia Kirchner, después, lo puso.
Disputó con SUPE cuando SUPE era SUPE. Disputó vicegobernación, bancas, ejecutivos. Tuvo peso en Río Turbio. Tuvo intendentes y diputados. Tuvo plan: salud, educación, puertos, energía. Convenio colectivo no era solo cláusula: era sentarse a discutir el gobierno.
Ese es el ATE que Garzón pone sobre la mesa. No para nostalgiar. Para medir.
El ATE de ahora: aniversario sin calle
El corte es 2023. ANUSATE deja la conducción. Empiezan, según Garzón, los tres años más nefastos de la historia provincial del gremio.
La tesis es una sola y no la disfraza:
La dirigencia actual entregó los derechos de los trabajadores al gobierno de Claudio Vidal.
No dice que ATE —la institución— desapareció. Dice que la dirigencia dejó de representarla. ATE es lo que hay que cuidar. Los que conducen, afirma, piensan el negocio con la Casa de Gobierno, no el salario, no la higiene, no el convenio.
El hecho del día lo usa como prueba. El 23 de septiembre, en el centro de Río Gallegos, hubo marcha a Casa de Gobierno por tratamientos prolongados, alta complejidad y una obra social que no garantiza medicación ni prestaciones. Estuvieron SOEM y ATEXA. ATE no convocó. ATE no estuvo.
No por falta de aparato, dice. Porque no van a hacer nada contra Vidal.
Suma denuncias operativas:
• Desafiliaciones. Más de 300 compañeros, sobre todo candidatos de 2023. Castigo por pedir asamblea, balance, reunión.
• Afiliación por bolsón. Recorren sectores ofreciendo alimentos y canasta navideña. No plenario: bolsa.
• Seccionales y centros de jubilados cerrados, salvo el de Río Turbio, que “tiene política y discute”.
• Delegados a medida. No hay elecciones donde la conducción pierde: Parques Nacionales en El Calafate, YCRT en Punta Loyola. Donde hay disputa, no se convoca. Donde hay propio, se elige “trucho”.
• Alerta en salud. Bajada o imposición provincial para rediscutir el convenio de salud. Un gobierno no reabre un CCT para mejorar derechos. Lo reabre para recortarlos. Y necesita cómplices gremiales.
• Municipales. Se avanza en letra de convenio sin que la mayoría sepa qué se está firmando y sin recorrer sectores.
Menos asambleas, menos plenarios, menos afiliados: el cupo propio se conserva mejor cuando el padrón se achica.
Ese es el contraste. Antes: convenio, local, delegado, marcha, discusión del Estado. Ahora: silencio frente a Vidal, ausencia en la pelea sanitaria, temor a la elección de base.