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MÁS DENUNCIAS POR IRREGULARIDADES EN SANTA CRUZ PUEDE

Continúa apareciendo personal con miedo. Relatan falta de contrato, descuentos opacos y una lista de 198 nombres de la que, dicen, asisten unos 92.

MÁS DENUNCIAS POR IRREGULARIDADES EN SANTA CRUZ PUEDE

Continúa apareciendo personal con miedo. Relatan falta de contrato, descuentos opacos y una lista de 198 nombres de la que, dicen, asisten unos 92.

Esta nota no arranca de cero. Es la continuación de lo que ya se publicó sobre irregularidades en una cooperativa que presta servicios en predios ligados a Santa Cruz Puede S.A.U. Ayer se comunicaron dos personas con este medio. Dijeron que lo anterior se quedó corto y que siguen pasando cosas. La situación preocupa porque no habla de un malentendido aislado: habla de condiciones de trabajo, plata, miedo y silencios.

No son empleados de SCP, aclaran

La corrección más importante del segundo testimonio es esta: en el edificio de Santa Cruz Puede están quienes trabajan para la empresa. El resto, dicen, es Unión Patagónica. No son empleados. Prestan un servicio hasta que los desvinculan. Esa distinción importa. Evita mezclar la planta de la estatal con el circuito cooperativo que opera al lado.

Entran a laburar sin contrato

Según relatan, nadie firma un contrato al ingresar. Tampoco entregan papeles claros sobre funciones, horarios o forma de pago. Se empieza a trabajar y listo. Al mismo tiempo les exigen pagar el propio monotributo, con la promesa de una obra social que, cuando la necesitan, no responde. Quieren que se aclare qué cobertura hay de verdad y bajo qué condiciones.

Laburan sin herramientas, sin baño y sin calor

Otro punto que se reitera: no hay elementos de trabajo. Llevan productos de limpieza de su casa. No les dan guantes ni protección, pese a estar en contacto con químicos. Tampoco ropa de trabajo. No hay baños disponibles durante la jornada. No hay calefacción, en una zona donde el frío no es un detalle. No es “incomodidad”. Es falta de condiciones mínimas.

La casa del responsable y la plata de la cooperativa

El nombre que vuelve a aparecer es Martín Martínez, señalado como responsable de la cooperativa. Hay días, dicen, en que si alguien no llega a los galpones lo llevan a su domicilio particular a “cumplir horario” ayudando a su señora con las tareas de la casa. Esas horas, según observaron, se pagan con dinero de la cooperativa. Piden que se investigue de dónde sale esa plata y bajo qué concepto.

El trato de la esposa del responsable también está en el relato: los habrían tildado de “vagos”, comparados con “los municipales”, y con la frase de que “si nos tiran una pala salimos todos corriendo”. Son dichos de las fuentes. Quedan como denuncia, no como sentencia.

Cobro a ciegas y un descuento que no cierra

Al 21 de septiembre todavía no había fecha concreta de pago. Cobraron el 24. Cada vez que preguntan, la respuesta es que “ni ellos saben” y que “están en la misma”. Quienes denuncian marcan una diferencia: jefe y encargado son petroleros. Quienes dependen de ese ingreso para comer, alquilar y pagar servicios no están en la misma situación.

En junio, afirman, les descontaron $10.000 a cada trabajador para pagarle un aguinaldo a Recursos Humanos. Quieren saber quién lo autorizó, dónde quedó registrado y por qué lo pusieron los cooperativistas.

Militancia forzada y una lista que no cierra

Dentro de la cooperativa, dicen, los obligan a militar: compartir, comentar y actuar en redes. Hasta ofrecieron premios —un día libre o una pelota del Mundial— al “mejor comentario” a favor de Vidal o contra Grasso.

Quien estuvo en la oficina administrativa sostiene que en la lista figuran 198 nombres y que asisten de manera habitual unos 92. El resto, según ese relato, figura presente sin ir. Agrega que, para armar recibos, secretarios de la oficina firman por quienes no trabajan. Esa es la acusación más grave. Se publica como testimonio anónimo, no como hecho judicialmente acreditado.

Por qué preocupa

Preocupa porque el miedo a dar la cara sigue. Preocupa porque coinciden más de una voz. Preocupa porque el gobierno de Claudio Vidal llegó criticando cooperativas infladas y plata que no llegaba al que labura. Si esto se confirma, no es un problema de “humor interno”: es un problema de dignidad laboral y de control de fondos.

 

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