
EN RÍO GALLEGOS EL COLEGIO DIVIDE: ¿HUBO INTOXICACIÓN?
Camuzzi midió el aula. El hospital midió la sangre. La noticia es el temor de los padres ante dos verdades que no cierran.
En la Escuela Primaria Provincial N° 83 de Río Gallegos no hay, por ahora, una sola verdad. Hay un edificio evacuado, chicos que llegaron al Hospital Regional, un parte oficial que habla de “denuncia sin sustento” y familias que muestran a sus hijos con máscara de oxígeno.
El debate político ya está instalado. El problema de fondo no. Porque si un nene de primaria termina en guardia, la discusión no es si el gobierno se defiende bien: es si ese colegio es seguro.
Lo que sí está confirmado
El lunes 28 de septiembre una denuncia por olor a gas y posible monóxido activó protocolo. Intervinieron Bomberos, Camuzzi Gas del Sur y la Dirección Provincial de Mantenimiento del Consejo Provincial de Educación. Evacuaron la escuela. Hubo traslados al Hospital Regional.
Hasta ahí coinciden el Estado, el gremio y los padres.
El corte viene después: por qué esos chicos fueron al hospital y qué midió cada uno.
Versión 1: el Estado dice que no hubo nada
La directora provincial de Mantenimiento, Marcia Giménez Arroyo, fue la voz del CPE. Su frase quedó como titular oficial: “La realidad es que no tenemos presencia de monóxido ni de gas.”
Según ese relato:
• Camuzzi hizo prueba de estanqueidad de la instalación interna y el resultado fue satisfactorio.
• Se midió el ambiente con equipos específicos y no se detectó monóxido.
• Bomberos y la empresa, dice el organismo, corroboran esa lectura.
• Una alumna de 5° grado habría sido trasladada por un episodio de ansiedad.
• Otros dos estudiantes, que ni siquiera eran del aula donde arrancó el operativo, habrían ido al hospital por temor ante el despliegue de Bomberos.
• Una practicante del aula recibió el alta alrededor de las 11:45.
El comunicado provincial no se detuvo en los chicos. Fue un paso más allá y habló de “falsas denuncias que dejan a escuelas sin clases”. Es decir: el problema, para el Estado, no sería la calefacción. Sería quien denuncia.
Esa es una operación de relato conocida. Cuando algo sale mal, primero se evacúa. Después se desmiente. Al final se culpa al que prendió la alarma.
Versión 2: el hospital y las familias dicen otra cosa
ADOSAC rechazó “categóricamente” el parte. El gremio afirma que profesionales de guardia del Hospital Regional de Río Gallegos constataron monóxido de carbono en sangre en al menos tres estudiantes.
No es un detalle menor.
Medir el aire del aula no es lo mismo que medir la sangre de un niño.
El monóxido no espera el acta de Camuzzi. Se inhala, se pega a la hemoglobina y aparece en laboratorio. Si esos informes existen, el comunicado de “falsa alarma” queda corto. Si no existen, quien los invoca tiene que mostrarlos.
A eso se suman los padres. En chats y videos circulan:
• nenes con oxígeno;
• mensajes de familias que hablan de dolor de cabeza, olor a gas y chicos que siguen internados;
• el reclamo de ir a la escuela a pedir las actas con testigos y grabación, porque la dirección seguía hablando de “supuesta fuga” con una nena en el hospital.
ADOSAC agregó otro dato edilicio: extintores vencidos. Y pidió lo mínimo que debería pedirse en cualquier provincia que no trate a la infancia como daño colateral: inspección de gas y calefacción con personal matriculado antes de reabrir.
El hueco que no tapa ningún comunicado
Hay dos mediciones distintas. El gobierno eligió una sola.

Una medición ambiental posterior no anula, por sí sola, un análisis clínico.
Tampoco una foto de un nene con máscara prueba, por sí sola, el origen exacto del gas.
Por eso esto preocupa: nadie mostró todavía el expediente completo.
El Estado no publicó los estudios de carboxihemoglobina. El gremio no colgó los PDFs. La sociedad se queda con un comunicado y con una camilla. Eso no es información. Es una pulseada.
Esto no es una interna: es un colegio con niños adentro
Se puede discutir si ADOSAC aprovecha el conflicto. Se puede discutir si el gobierno de Claudio Vidal tiene el reflejo de tapar cada falla para no admitir que el mantenimiento escolar está al límite. En Santa Cruz ese reflejo ya es costumbre: primero el relato, después —si aparece— la prueba.
Pero un niño no es un argumento.
No es un costo político. No es “continuidad pedagógica”. No es un título para pelearse en redes.
Si hay monóxido, la clase no es el bien a proteger: es el riesgo.
Si no hay monóxido, hay que explicarlo con papeles, no con agravios a las familias.
Llamar “falsa denuncia” a un operativo que terminó en el hospital es una frase inhumana. Porque aunque mañana se pruebe que el aula estaba limpia, el miedo de un padre que vio a su hijo con oxígeno no se desmiente con un flyer.
Lo que hay que exigir, sin bando
Tres documentos. No tres spots.
1. Los resultados de carboxihemoglobina de cada menor atendido, con fecha y hora.
2. El acta completa de Camuzzi y Bomberos, no el resumen de Prensa Santa Cruz.
3. Quién autorizó retomar o sostener la actividad si todavía hay familias en guardia.
Hasta que eso no esté sobre la mesa, Río Gallegos tiene derecho a preguntar lo único que importa:
¿Hubo intoxicación en la 83 o se está tapando lo que pasó?